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lunes, 2 de abril de 2012

Vlad Tepes. La leyenda del conde Drácula en Rumanía.

La historia

Vlad Tepes III, "Vlad el Empalador", conocido en el mundo como Drácula, nació en Rumania (1428-1476). Hijo de Vlad Dracul (caballero de la orden del Dragón) y nieto de Mircea el Grande, soberano de Velaquia (1368-1418). Fue uno de los príncipes rumanos que por sus diversas hazañas y su nada corriente personalidad, llamó la atención y despertó el interés de forma muy especial,  no sólo de sus contemporáneos,  también de la historia y literatura actuales.



Para algunos historiadores del tema, Drácula fue un heroico defensor de los intereses e independencia de su país y del cristianismo, mientras que para otros se trataba de un caso patológico de alguien que torturaba, atormentaba y por supuesto mataba para divertirse, por puro placer.

Fue uno de los tres hijos legítimos de Vlad "El Diablo", príncipe de Valaquia (antiguo principado danubiano, que formo con Moldavia el reino de Rumania). Hoy en día, constituye dos regiones geográficas al este de Europa bien definidas: la Mutenia, situada al este del río Olt, y la Oltenia, al oeste.




Retrato del príncipe Vlad a caballo.





Vlad, El Empalador

El origen de ese sobrenombre se encuentra en la cruel afición del príncipe Vlad a empalar a sus víctimas. De hecho, según los cronistas, Vlad Tepes disfrutaba ofreciendo auténticos banquetes a sus invitados, rodeados de cientos de hombres y mujeres cruelmente empalados.

Cuentan que en una ocasión uno de sus invitados, ante el hedor que desprendían los cadáveres atravesados por largos maderos, protestó ante el anfitrión, alegando que no podía comer con aquella peste. Inmediatamente Vlad "el hijo del Diablo" ordenó que su invitado fuese empalado en el palo más alto, para que pudiese disfrutar de aire puro por encima de todos los demás empalados.












Nacimiento de Drácula: el vampiro.



Fue el escritor irlandés Bram Stoker a finales del siglo XIX, quien le convirtió en protagonista de su novela "Drácula". Y es aquí donde empieza la leyenda. ¿Por qué le eligió Stoker para ser el vampiro por excelencia? ¿Fue sólo un capricho del literato? ¿O hubo algún dato fundamental que el escritor nos ocultó?

Varios factores pudieron unirse para hacer a Stoker tomar tal decisión. Uno de ellos, la existencia de Elizabeth Bathóry, una pariente lejana de Vlad que vivió en el siglo XVII y recibió el apodo de «la condesa sangrienta». Bathóry se ganó semejante apelativo porque, según cuentan, acostumbraba a degollar muchachas vírgenes para bañarse en su sangre, en la creencia de que así prolongaría su vida y juventud eternamente.

Pero el elemento más obvio es que la novela de Stoker está ambientada en los Cárpatos de Transilvania, territorio en el que durante la Edad Media se propagó la leyenda sobre seres capaces de sobrevivir a la muerte a base de succionar la sangre de los vivos durante la noche. Y esa zona, el único personaje histórico con un perfil psicopático, brutal y maligno, que le convertía en un candidato natural al vampirismo era Vlad Tepes.



 

Castillo de Bran, antigua propiedad y residencia de Drácula, en Rumanía.





Claro que, Stoker, también pudo inspirarse para tal asociación en El vampiro (1816), de Polidori, médico personal de Lord Byron, cuyo personaje Lord Rutheven, ya perfilaba el carácter y las facultades de vampiros literarios posteriores como Camilla (1872) de Sheridan Le Fanu. Todas estas obras se inspiraban a su vez en una antigua creencia del folclore griego –citada por Esquilo o Eurípides–, según la cual los espíritus de personas muertas de forma violenta o a edad muy temprana regresaban a este mundo para causar daño a los vivos. Estos seres recibieron el nombre en los medios rurales de vrykolakas, y los campesinos griegos exhumaban los cadáveres de los sospechosos y los quemaban para evitar sus apariciones fantasmales. Por lo tanto no es casual que siglos más tarde tanto Polidori, como Goethe, La novia de Corinto (1797), o Keats, Lamia (1819), situaran la acción de sus vampiros en Grecia.










Alrededor del siglo XII se puso muy de moda este tipo de literatura y estos viejos fantasmas empezaron a tomar la forma concreta de seres que resucitaban para extraer sangre de los vivos. En esa época se les llamaba con el término latino sanguisua, y la creencia en ellos se disparó con las epidemias de enfermedades desconocidas que asolaron Europa del Este entre los siglos XVI y XVIII.












Los afectados palidecían, sufrían fiebres altísimas, languidecían entre espasmos incontrolables y morían sin remisión. No había señales de mordisco alguno. Pero la histeria colectiva atribuyó los innumerables decesos a la acción de los vampiros, un vocablo serbio que proviene del ruso "upyr" y que significa «absorber». La superstición popular completó al máximo la lista de remedios contra estos seres malignos: ristras de ajos alrededor del cuello, espadas en forma de cruz clavadas en las tumbas, estacas en el corazón y cabezas decapitadas.



Quizá este último hecho también inspirara a Stoker, pues la cabeza de Vlad Tepes "al morir" en 1476 fue separada de su cuerpo por los turcos  para enviarla como trofeo al sultán Mehemed II de Estambul, para que fuera expuesta como escarmiento y advertencia según la costumbre de la época.







Los restos de Vlad Tepes, Drácula.




¿Y el resto de su cuerpo? Según la versión oficial, fue enterrado sin cabeza en el monasterio de Snagov, situado en medio de un lago cercano a Bucarest, y a cuya fundación Vlad contribuyó generosamente en vida, por lo que su abad le escondió varias veces de los turcos. Durante el último siglo, los monjes aún mostraban a los visitantes la supuesta lápida funeraria de Drácula, cuya inscripción había sido borrada casi totalmente por orden del máximo jerarca de la Iglesia Cristiana ortodoxa, el patriarca Filaret, que consideró a Vlad un criminal. Dicha lápida estaba encastrada en el altar de la iglesia, y aún hoy se halla ante las puertas del iconostasio.



Los monjes de Snagov aseguran que fue colocada allí para que fuera pisoteada por los asistentes a los oficios. De ese modo creían que el alma pecadora del difunto purgaría sus terribles culpas.




Tumba de Vlad Tepes en el Monasterio de Snagov.





Lo cierto, y este es otro dato que pudo jugar un papel decisivo en la transformación literaria de Vlad Tepes en vampiro, es que según afirma el historiador Nicolae Serbanescu en su libro "Historia del Monasterio Snagov," poco antes de que Stoker publicara su novela sobre el conde-vampiro, la tumba de Vlad fue profanada en 1875 y sus huesos fueron enterrados en otro lugar que todavía no ha sido descubierto. Quizá por este motivo, cuando los historiadores Nicolae Iorga y Dinu Rosetti, que realizaron excavaciones en la tumba de Vlad en 1933, encontraron sólo huesos de caballo y un anillo con las armas de Valaquia, que se supone pertenecieron al príncipe.





Otras versiones aseguran que en 1933 se halló un cuerpo ricamente ataviado y sin cabeza. Pero si esto fuera cierto ¿dónde están ahora esos restos? Unas versiones dicen que siguen bajo el altar, pero a mayor profundidad que la excavada. Y otras, como la de Serbanescu, optan por creer que fueron trasladados a un lugar secreto.



Sin embargo, en Rumanía, por las altas zonas montañosas y rurales de Los Cárpatos hay quien cree que Drácula no descansa en paz y sigue vagando, eternamente, entre los bosques que circundan el que fuera su castillo.

Fuente:   todomisterios

¿Coincidencias o consecuencias?

Cada uno de nosotros ha experimentado alguna vez alguna coincidencia. Los matemáticos las justifican como acontecimientos debidos meramente a la casualidad, pero hay quienes les atribuyen unas razones más profundas.

En la noche del 28 de julio de 1900, el rey Humberto 1 de Italia cenaba con su ayudante en un restaurante de la localidad de Monza, donde debía presenciar un concurso de atletismo al día siguiente. Con gran sorpresa observó que el propietario del establecimiento era idéntico a él. Por curiosidad, entabló conversación con él, y fue descubriendo que existían entre ellos otras semejanzas.
El dueño también se llamaba Humberto; al igual que el rey, había nacido en Turín, y en el mismo día; y se había casado con una chica llamada Margherita el mismo día en que el rey se casó con su esposa, la reina Margherita. Y había inaugurado el restaurante el día en que Humberto 1 fue coronado rey de Italia.
El rey quedó fascinado e invitó a su doble a que asistiera al concurso de atletismo con él. Pero al día siguiente, ya en el estadio, el ayudante del rey le informó que el dueño del restaurante había muerto aquella mañana después de que le hubieran disparado misteriosamente. Y mientras el rey expresaba su pesar, un anarquista que surgió de entre la multitud disparó contra él y le mató.
Otra extraña coincidencia conectada con una muerte ocurrió mucho más recientemente. El domingo 6 de agosto de 1978, el pequeño despertador que el papa Pablo VI había comprado en 1923 -y que durante 55 años le había despertado a las seis cada mañana- sonó repentinamente, y de un modo estridente. Pero no eran las seis; eran las 9,40 de la noche y, de forma inexplicable, el reloj empezó a sonar cuando el papa yacía moribundo. Más tarde, el padre Romeo Panciroli, portavoz del Vaticano, comentaría: "fue de lo más extraño. Al papa le gustaba mucho el reloj. Lo compró en Polonia y lo llevaba siempre consigo en sus viajes."
Asesinato del rey Humberto I de Italia, quien vivió y murió de similar manera que otro Humberto de un pueblito de Italia.


Cada uno de nosotros ha experimentado una coincidencia -aunque sea trivial- alguna vez. Pero algunos de los casos más extremos parecen desafiar toda lógica y resulta imposible atribuirlos a la mera suerte.

Los poderes del Universo

No es, pues, sorprendente que la "teoría de la coincidencia" haya entusiasmado a científicos filósofos y matemáticos durante más de 2000 años. Hay un tema que aparece en todas sus teorías y especulaciones: ¿qué son las coincidencias? ¿Contiene un mensaje escondido dirigido a nosotros? ¿Qué fuerza desconocida representan? Sólo en nuestro siglo se han sugerido algunas respuestas verosímiles, pero son respuestas que chocan con las propias raíces de la ciencia. Ello hace que nos preguntemos: ¿existen poderes en el Universo de los que no tenemos todavía un conocimiento preciso?
Los primeros cosmólogos creían que el mundo se mantenía unido por una especie de principio de totalidad. Hipócrates, conocido como el padre de la medicina, que vivió aproximadamente entre 460 y 375 a.C., creía que el Universo estaba unido por unas "afinidades ocultas", y escribió: "Hay un movimiento común, una respiración común, todas las cosas están en solidaridad las unas con las otras." Según esta teoría, la coincidencia se daría cuando dos elementos "solidarios" o "afines" se buscan el uno al otro.
El filósofo renacentista Pico della Mirandola escribió en 1557: "En primer lugar, hay una unidad en las cosas por la cual cada cosa forma un conjunto consigo misma. En segundo lugar, existe la unidad por la cual una criatura está unida a las otras y todas las partes del Universo constituyen un mundo."
Cuando el Papa Pablo VI. estaba a punto de morir su despertador comenzó a sonar inexplicablemente.


Esta creencia ha perdurado, de una forma apenas alterada, en tiempos mucho más modernos. El filósofo Arthur Schopenhauer (1788-1860) definió la coincidencia como "la aparición simultánea de acontecimientos causalmente desconectados." Sugirió que los acontecimientos simultáneos iban en líneas paralelas, y que el mismo acontecimiento, aunque representa un eslabón de cadenas totalmente diferentes, se da sin embargo en ambas, de forma que el destino de un individuo se ajusta invariablemente al destino de otro, y cada uno es el protagonista de su propio drama mientras que simultáneamente está figurando en un drama ajeno a él. Esto es algo que sobrepasa nuestros poderes de comprensión y sólo puede concebirse como posible en virtud de la maravillosa armonía preestablecida. Todos debemos participar en ella. Por tanto, todo está interrelacionado y mutuamente armonizado.

Investigando el futuro

La idea de un "inconsciente colectivo" -almacén secreto de recuerdos a través de los cuales las mentes puedan comunicarse- ha sido debatida por varios pensadores. Una de las teorías más extremistas para explicar la coincidencia fue presentada por el matemático británico Adrián Dobbs en los años sesenta. Inventó la palabra "psitrón" para describir una fuerza desconocida que registraba, como el radar, una segunda dimensión temporal que era más bien probabilística que determinista. El psitrón absorbía probabilidades futuras y las transmitía al presente desviándose de los sentidos humanos corrientes y transmitiendo de alguna forma la información directamente al cerebro.
La primera persona que estudió las leyes de la coincidencia científicamente fue el doctor Paul Kammerer, director del Instituto de Biología Experimental de Viena. Desde que tenía veinte años, empezó a escribir un "diario" de coincidencias. Muchas eran triviales: nombres de personas que surgían inesperadamente en conversaciones separadas, tickets para el concierto y el guardarropa con el mismo número, una frase de un libro que se repetía en la vida real. Durante horas, Kammerer permanecía sentado en los bancos de los parques tomando nota de la gente que pasaba, anotando su sexo, edad, vestido, y si llevaban bastones o paraguas. Después de haber considerado detalles tales como la hora punta, el tiempo y la época del año, descubrió que los resultados se clasificaban en "grupos de números" muy similares a los que usan los estadísticos, los jugadores, las compañías de seguros y los organizadores de encuestas.
Kammerer llamó a este fenómeno "serialidad", y en 1919 publicó sus conclusiones en un libro titulado Das Geseiz der Serie (La ley de la serialidad). Afirmaba que las coincidencias iban en serie -es decir-, "se producía una repetición o agrupación en el tiempo o en el espacio por la cual los números individuales en la secuencia no estaban conectados por la misma causa activa."
Kammerer sugirió que la coincidencia era meramente la punta de un iceberg dentro de un principio cósmico más grande, que la humanidad todavía apenas reconoce.
Arthur Koester definió las coincidencias como "Chistes del destino".


Al igual que la gravedad, es un misterio; pero a diferencia de ella, actúa selectivamente para hacer coincidir en el espacio y en el tiempo cosas que poseen alguna afinidad. "Así pues -concluyó-, al final tenemos la imagen de un mundo-mosaico o de un caleidoscopio cósmico que, a pesar de los constantes movimientos y nuevas disposiciones, también se preocupa por hacer coincidir cosas iguales."
El gran salto hacia adelante tuvo lugar 50 años más tarde, cuando dos de las mentes más brillantes de Europa colaboraron para producir el libro más completo acerca de los poderes de la coincidencia, un libro que iba a dar lugar a controversia y a ataques por parte de teóricos rivales.
Los dos hombres eran Wolfgang Pauli -cuyo principio de exclusión, ideado de una forma muy atrevida, le mereció el premio Nobel de física- y el psicólogo/filósofo suizo profesor Carl Gustav Jung. Su tratado llevaba el poco original titulo de Sincronicidad, un principio de conexión no causal. Descrito por un crítico americano como "el equivalente paranormal de una explosión nuclear", utilizaba el término "sincronicidad" para ampliar la teoría de la serie de Kammerer.

Orden a partir del caos

Según Pauli, las coincidencias eran "las huellas visibles de principios desconocidos". Las coincidencias, explicó Jung, tanto si se dan aisladas como si aparecen en serie, son manifestaciones de un principio universal apenas conocido que opera con bastante independencia respecto de las leyes físicas. Los que han interpretado la teoría de Pauli y Jung han concluido que la telepatía, la precognición y las mismas coincidencias son todas manifestaciones de una única fuerza misteriosa que opera en el Universo y que está tratando de imponer su propia disciplina sobre la total confusión que rige la vida humana.
Wolfgang Pauli, Nobel de física que introdujo el concepto de sincronicidad.


De todos los pensadores contemporáneos, nadie ha tratado más extensamente la teoría de la coincidencia que Arthur Koestler, quien resume este fenómeno con la expresiva frase "chistes del destino".
Un "chiste" particularmente sorprendente le fue relatado a Koestler por un estudiante inglés de doce años llamado Nigel Parker: Hace muchos años, el autor de historias de terror norteamericano, Edgar Allan Poe, escribió un libro titulado El relato de Arthur Gordon Pym. En él, el señor Pym viajaba en un barco que naufragó. Los cuatro supervivientes pasaban muchos días en un bote antes de decidirse a matar y comerse al grumete, cuyo nombre era Richard Parker.
Unos años después, en el verano de 1884, el primo de mi bisabuelo era grumete de la yola Mignoneite cuando ésta se hundió, y los cuatro supervivientes navegaron a la deriva en un bote durante muchos días. Finalmente, los tres miembros mayores de la tripulación mataron y se comieron al grumete. Su nombre era Richard Parker.
Tales incidentes, extraños y aparentemente significativos, abundan. ¿Qué explicación puede haber para ellos, a no ser la mera coincidencia?

 
Fuente:   lo-inexplicable

La NASA, la ESA y Rusia simularán un viaje a Marte en la Estación Espacial


Aurora boreal captada desde la Estación Espacial Internacional. | AFPAurora boreal captada desde la Estación Espacial Internacional. | AFP
La NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA) y la agencia espacial rusa Roscosmos han firmado un acuerdo por el que llevarán a cabo un proyectos similar al Mars 500 (en el que unos astronautas simularon un viaje de ida y vuelta a Marte) dentro de la Estación Espacial Internacional (ISS). Según ha informado el director de Roscosmos, Vladímir Popovkin, el proyecto estaría listo para 2017.
Popovkin ha explicado a la agencia Ria Novosti que los organizadores del simulacro necesitarán, al menos, cinco años "para trabajarlo todo y comprender qué deberán hacer los cosmonautas, dónde y de qué forma pueden permanecer allí, bien aislados de la tripulación principal". En este sentido, ha indicado que "no se descarta" que también puedan estar en contacto con la tripulación de la ISS.
Además, la elección del año también está marcada por el fin de la vida últil del módulo espacial, que está previsto para 2020, según ha apuntado el responsable del programa de la ISS en la NASA, Michael Suffredini.
Este acuerdo llevado a cabo por las tres agencias espaciales llega después del éxito de la misión simulada de la ESA Mars 500', que se llevó a cabo en el Instituto de Problemas Médico-Biológicos de Moscú (Rusia). Seis tripulantes, tres rusos, un francés, un italiano y un chino, convivieron durante 520 días en una réplica de nave interplanetaria, en donde realizaron experimientos científicos y llegaron a realizar 'paseos' espaciales por la superficie de Marte.

 
Fuente:   elmundo

Los dinosaurios que explotan después de muertos


Una investigación aclara el misterio de las hembras preñadas de ictosaurio, cuyos restos aparecen rodeados de embriones esparcidos como si hubieran sido expulsados en una explosión


Los dinosaurios que explotan después de muertos
Una hembra de ictosaurio 
 
 
 
 
 
Los restos de una ictiosauriopreñada, de 182 millones de años de antiguedad, hallada en Holzmaden (Alemania), han intrigado a los científicos durante mucho tiempo. En efecto, y a pesar de que el esqueleto del antiguo reptil marino está perfectamente conservado y parece descansar tranquilo en lo que, una vez, fue un fondo oceánico, sus diez embriones aparecen esparcidos alrededor de su cuerpo, como si la madre hubiera explotado misteriosamente y los hubiera dispersado en todas direcciones. El estudio se publica en la revista Palaeobiodiversity and Palaeoenvironments.
Resulta, además, que no es la primera vez que se encuentra esta extraña disposición de los huesos fosilizados de una hembra de ictiosaurio. Razón por la que la mayoría de los investigadores creían hasta ahora que, de alguna forma, los cuerpos de estos animales "explotan" después de morir, probablemente a causa de la putrefacción de los gases producidos por el cuerpo durante el proceso de descomposición. Esas explosiones, según la doctrina más aceptada, serían las responsables de que los embriones salieran proyectados fuera del cuerpo materno y aparezcan diseminados a su alrededor.
Ahora, sin embargo, una serie de cuidadosos análisis realizados por un equipo de sedimentólogos, paleontólogos y forenses suizos y alemanes ha derribado el mito de los ictiosaurios que explotan. Y es que, al parecer, los gases que es capaz de producir el cuerpo de un ictiosaurio en descomposición no ejercen la presión suficiente como para provocar un efecto explosivo. Los investigadores llegaron a esa conclusión tras comparar las emanaciones de gases de cien cuerpos sin vida de otra criatura de similares dimensiones: el ser humano.
Expertos del Instituto de Medicina Forense de Frankfurt, en Alemania, insertaron manómetros a través de los ombligos de cien personas fallecidas para medir la presión ejercida en sus cavidades torácicas por los gases de descomposición. Y encontraron que, como media, ésta era de solo 0,035 bares. En el caso de los ictiosaurios, y teniendo en cuenta que sus carcasas estarían cubiertas por entre 50 y 150 metros de agua, serían necesarias presiones de entre 5 y 15 bares para causar una explosión del cuerpo. Algo que, según el paleontólogo alemán Christian Klug, es imposible: "Los grandes vertebrados no pueden explotar al descomponerse. Nuestros resultados -afirma- pueden aplicarse a todos los vertebrados pulmonados en general".

Asalto de carroñeros

Pero si no hubo explosión, ¿cómo se explica la dispersión de los embriones? La historia, según los investigadorees, podría ser la siguiente: por regla general, los cuerpos se hunden en el lecho marino inmediatamente después de su muerte. Y una vez en el fondo, sus restos quedan expuestos a la acción de la putrefacción, los carroñeros, los organismos comedores de huesos y los procesos de disolución debido a la propia agua del mar.
Pero existe otra posibilidad. Si la madre preñada muere en aguas superficiales (a menos de 50 metros) y que estén a más de 4 grados de temperatura, entonces su cuerpo puede aflorar hasta la superficie precisamente debido a sus propios gases de descomposición. Una vez arriba, el cuerpo será asaltado por hordas de carroñeros y "limpiado" en pocos días antes de volver a hundirse. Al hacerlo, los embriones saldrían de entre los huesos de la madre debido a la acción de pequeñas corrientes marinas.
Por supuesto, habrá que realizar más comprobaciones y analizar más restos de ictiosaurio para estar completamente seguros de la nueva explicación. Muchos, por ahora, prefieren quedarse con la hipótesis más explosiva...

 
Fuente:   ABC