Científicos aportan una nueva vuelta de tuerca sobre la enigmática explosión que arrasó 2.000 km cuadrados de Siberia en 1908: ahora creen saber dónde está el cráter de impacto
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El aspecto del bosque de Tunguska, 45 años después de la gran explosión

GGG
Situación del lago Cheko
El 30 de junio de 1908, una tremenda explosión de hasta quince megatones rompió el cielo de Tunguska,
un remoto lugar de Siberia, arrasando más de 2.000 kilómetros cuadrados
de tundra. La onda expansiva no solo derribó árboles como si fueran
fichas de dominó, sino que tumbó carruajes y personas a 500 km de
distancia. Después, una extraña luz iluminó el norte de Europa y Rusia
durante varias noches. La mayoría de los investigadores coincide en que
el extraño fenómeno fue provocado por el impacto contra la Tierra de un cometa o un meteorito
que explotó a unos cinco o diez km del suelo, pero no se ponen de
acuerdo a la hora de elegir al auténtico culpable entre los dos. En los
últimos tiempos, la hipótesis de que el responsable fuera un cometa
ha ganado fuerza, ya que ni se ha encontrado cráter de impacto -de ser
un meteorito, debería haberlo- ni fragmentos del bólido. Sin embargo, un
equipo de investigadores italianos dice tener nuevas pruebas que
apuntan al segundo sospechoso. Según afirman, un lago cercano puede ser
el tan buscado cráter del «evento Tunguska».
Durante
años, los científicos han debatido sobre la causa del misterioso
suceso. Un grupo de expertos de la Universidad de Cornell aportaba en
2009 evidencias sólidas de que el evento pudo haber sido provocado por un cometa.
Su núcleo de hielo se habría desecho rápidamente tras su entrada en la
atmósfera, motivo por el que no dejó «huellas». Sin embargo, esta
teoría tiene una pega, y es que los científicos han encontrado en la
zona diferencias en los niveles de carbono, nitrógeno e isótopos de
hidrógeno e iridio que son similares en algunos aspectos a los que se
encuentran en algunos asteroides. Además, partículas diminutas parecidas
a algunos componentes de los meteoritos también han aparecido en la
madera de los árboles caídos.
El cráter, en el lago Cheko
Estas
pistas pueden no ser suficientes para llegar a una conclusión firme,
pero los científicos creen además que el Cheko, un lago poco profundo en
forma de embudo de aproximadamente cinco kilómetros, puede esconder el
cráter de la explosión.
El
equipo llegó a esta conclusión después de analizar el fondo del lago en
1999. En su estudio sísmico y magnético, observó que los sedimentos se
habían estado formando durante cien años, lo que coincide con el «evento
Tunguska». Es más, incluso se encontraron evidencias de la existencia de un objeto cerca de la mitad del fondo del lago,
lo que podría ser algún resto pétreo del meteorito. Quizás el enigma no
se resuelva hasta que alguien decida llegar hasta el fondo del lago y
recuperar, un siglo después, lo que pudo habernos caído del cielo.
Informando: http://elarcadelmisterio.blogspot.com/
Fuente: ABC
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