Aunque conocido más por su vertiente artística, el genio italiano se adelantó a su tiempo por sus estudios en anatomía o el diseño del automóvil y el helicóptero

Diseño de un helicóptero realizado por Da Vinci. / Foto: Archivo.
Hablar
de Leonardo da Vinci (1452-1529), uno de los mayores genios que jamás
ha dado la humanidad, evoca inmediatamente a la Gioconda, La última cena
o El hombre de Vitruvio. Sin embargo, su labor artística no es solo más
que la pequeña punta del iceberg de todos los conocimientos que
consiguió reunir en torno a sí el genio italiano. Y las ciencias fueron,
sin duda, una de las materias en las que más se explayó, ya fuera en
anatomía, ingeniería, botánica, biología o geometría. Su método de
aprendizaje era simple: observación de la naturaleza y experimentación.
De hecho, sus orígenes estuvieron más bien alejados de los manuales y
las bibliotecas. Lo prueba el hecho de que hasta una edad ya adulta no
aprendió latín, idioma dominante en la ciencia del siglo XVI. “Soy
plenamente consciente de que al no ser un hombre de letras, ciertas
personas presuntuosas puedan pensar que tienen motivos para reprochar mi
falta de conocimientos. ¡Necios! Acaso no saben que puedo contestarles
con las palabras que Mario dijo a los patricios romanos: Aquéllos que se
engalanan con las obras ajenas nunca me permitirán usar las propias”,
escribió al respecto dolido con aquellos que minusvaloraron su obra.
Desde
la semana pasada la Queen’s Gallery de Londres expone 87 dibujos de la
anatomía humana realizados por Da Vinci, lo que supone una de sus
colecciones más amplias referidas a un único tema. A través de sus
esbozos, el italiano reproduce con exactitud un bebé en el útero materno
–“Todas las semillas tienen un cordón umbilical que se rompe cuando la
semilla alcanza la madurez”-, un corazón o partes del cráneo humano. Y
es que según sus eruditos su afán por estudiar la naturaleza le llevó a
diseccionar más de 30 cadáveres. "Si Leonardo hubiera publicado sus
dibujos, hubiera sido la figura más importante en publicar sobre
anatomía humana y se lo consideraría a la par que Galileo o Newton",
asegura Martin Clayton, conservador de The Queens Gallery.
Su
labor como inventor se basó en su afán científico. Y en la mayoría de
las ocasiones estuvo por delante de su tiempo. Ideó una especie de
automóvil, un helicóptero –dotado de amortiguadores para asegurar un
placentero aterrizaje-, un submarino, bicicletas y un tanque, aparatos
que, simplemente, no se pudieron concretar porque no lo permitía la
tecnología de su tiempo. Para explorar las profundidades acuáticas creó
una escafandra. Y en su cuenta también se encuentran cuentakilómetros,
paracaídas, rayadores de pan...
Tampoco
se quedó atrás en ingeniería civil. En su mente proyecto una ciudad en
cuyas calles se circulase a dos niveles. Una inferior para los vehículos
y otra superior destinada a los peatones. También esbozó sistemas de
alcantarillado y calefacción para facilitar la vida de los ciudadanos.
El resplandor de la Tierra
En
astronomía, Da Vinci desveló el misterio de cómo se puede apreciar el
resplandor de la Tierra. La solución es sencilla para una persona del
siglo XXI: Cuando el Sol se pone en la Luna, esta se oscurece aunque no
completamente. Hay todavía una fuente de luz en el cielo: la Tierra.
Nuestro propio planeta ilumina la noche lunar con un brillo 50 veces
mayor que una luna llena, produciendo el resplandor ceniciento. La
cuestión es que, en torno al año 1500, muy pocas personas sabían que la
Tierra giraba alrededor del Sol. Aunque se equivocó en una cosa, la Luna
carece de océanos y atmósfera, como el propuso. También las mentes más
privilegiadas fallan a veces.
Su
creatividad fue contratada en varias ocasiones para la fabricación de
artefactos bélicos, un campo en el que los señores, aquí sí, siempre
estaban dispuestos a rascarse el bolsillo. Además del tanque, trabajó en
cañones, ametralladoras, bombas de racimo, puentes desplegables para
atravesar ríos y torres móviles para asaltar fortalezas. Incluso diseñó
un robot: un caballero armado que podía sentarse, agitar sus brazos, y
mover su cabeza mientras abría y cerraba su mandíbula. Llego a ofrecer
sus servicios al dux de Milán como alguien capaz de hacer “carros
acorazados totalmente imposibles de atacar y capaces de penetrar las
filas del enemigo con su artillería, y no habrá com¬pañía de soldados
tan grande que pueda resistirlos. Y tras ellos podrá seguir la
artillería, sin sufrir bajas, sin encontrar resistencia”. Sin embargo,
el italiano siempre odió la guerra, a la que calificó como “locura
bestial”. “Realmente el hombre es el rey de las bestias, porque su
brutalidad excede la de ellas. Vivimos de la muerte de otros, somos como
cementerios andantes. Llegará el momento en que el hombre verá el
asesinato de los animales como ahora ve el asesinato de los hombres”,
escribió.
La
mayoría de sus creaciones quedaron relegadas al baúl de los recuerdos y
de hecho solo se conoce hoy de ellas por las anotaciones y dibujos del
italiano, que suman miles. Su carrera científica fue más que prolífica.
Aunque tampoco se queda atrás su legado sobre decoración de jardines e
interiores, filosofía, moda, invención de juegos, o cocina –fue
despedido como cocinero de dos tabernas florentinas por sus recetas
innovadoras-. Aún así nunca estuvo satisfecho con lo creado: “He
ofendido a Dios y a la humanidad porque mi trabajo no tuvo la calidad
que debía haber tenido”.
Informando: http://elarcadelmisterio.blogspot.com/
Fuente: ABC
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